Alan Moore tardó siete años en completar esta historia dividida en cortos capítulos de unas ocho páginas cada uno. Constreñido a veces por esta restricción de espacio, y en otras muchas ocasiones favorecido por esta limitación a las revelaciones que puede ir realizando por capítulo, la historia mantiene un continuo suspense en el que el lector, realmente, no puede adivinar el camino que el guionista inglés pretende seguir. Estos capítulos se encuentran englobados en tres libros.
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En el libro primero se nos presentan todos los personajes principales cuyas historias van a ser desarrolladas en éste y en el segundo libro. La naturaleza del experimento, la génesis del superser creado, el embarazo de la mujer de Moran, el intento de finalizar el proyecto Zarathustra y la desaparición del doctor Gargunza con toda la documentación que hubiera permitido duplicar el proyecto. El final del libro primero está marcado con la orgía de destrucción que desata Miracleman en el búnquer donde se oculta toda la verdad que le ha sido negada durante tantos años y que él, dócil y estúpidamente, había dado como cierta hasta ese momento.
“Como han visto, la tecnología asimilada del visitante y su nave nos ha permitido programar las mentes de estas criaturas cuasi divinas al proporcionarles una identidad manufacturada que podemos manipular a voluntad. La identidad de un personaje de tebeos infantiles.”
En el libro segundo se produce el enfrentamiento con el doctor Gargunza, que nos relata a través de su conversación con Liz Moran su biografía y propósitos. Una vida marcada por la muerte y la violencia han llevado a un científico a convertirse en un monstruo sin más deseo que el de vivir para siempre en un cuerpo perfecto. Al precio que sea. Algunos de los guardaespaldas de Gargunza son antiguos soldados nazis, que nada pueden hacer contra Miracleman. Éste logra liberar a su mujer gracias al sacrificio de Cream y, al poco, asistimos al nacimiento de Winter, la hija del superhombre.
“Era una visión… ese pelo rubio. Esos ojos azules… Cuando yo era joven, nuestros jefes hablaban de un nuevo hombre. Un ubermensch. Le vi entonces en mi mente. Le he vuelto a ver hoy. Esperamos durante cuarenta años que viniera… y entonces le matamos”. “Siempre es así, Heinz… Siempre es así”.
En el tercer libro, narrado por el mismo Miracleman en retrospectiva desde su Olimpo particular, se produce el contacto con la raza alienígena responsable del segundo cuerpo de Michael Moran. Éste se suicida simbólicamente en una escena que muestra la clara división entre su personalidad y la del superhombre. Hace su aparición Miraclewoman y otros seres que se unirán a Miracleman en su desesperada lucha final contra Kid Miracleman, que logra escapar de la prisión del inconsciente del joven Johnny Bates.
“Bailo. Bailo atrocidades, asesinatos, torsos, cabezas atravesadas. Bailo los niños ardiendo y el descenso de hombres torturados. Bailo el cielo al rojo blanco de Londres, el ensangrentado Támesis anegado en cadáveres, bailo hasta caer como si el bailar tuviera que realizarse con recuerdos y con culpa; para no volver a oír nunca ese aterrador y odiado nombre. Bates.”
